22 de Octubre, 2016
Testimonios y alegría marcaron el Jubileo de las Familias en Santiago

Cientos de familias provenientes de todas las zonas de la arquidiócesis capitalina se congregaron en el frontis de la Catedral Metropolitana, junto a su pastor, para pasar por la Puerta Santa del Año de la Misericordia, y acoger este don para la vida familiar y social.
 

Por José Francisco Contreras

Acompañadas por la banda Cristo Vida y Rock and Roll, las familias presentes en la Plaza de Armas cantaron y alabaron a Dios por la experiencia de fe en sus hogares. Luego, el vicario de Pastoral, monseñor Héctor Gallardo, les ayudó a prepararse para vivir el signo de pasar por la Puerta Santa, acogiendo así este don para recibirlo y compartirlo. Poco a poco los fieles cruzaron este punto, donde los saludaba personalmente el cardenal Ezzati; luego besaban la puerta y se persignaban con emoción y devoción.

Testimonios que santifican la familia

Antes de comenzar la Eucaristía, monseñor Gallardo invitó a diversas familias a subir al altar para recibir el reconocimiento del arzobispo por sus testimonios. El matrimonio de Miguel Fuentealba y Myriam Galleguillos, feriantes, ayuda a gente en situación de calle e, incluso, su propia casar funcionó un tiempo como un pequeño albergue, hasta que participaron en la creación de uno a nivel parroquial, en La Granja.

Alejandro Albornoz y Gloria Revecco, de la Zona Centro, son una familia misionera, con cuatro hijos, que hacen catequesis pre bautismal y de novios.

Por su parte, Mauricio Johnson y Carmen Luz Roig, tienen seis hijos y han dado un testimonio de fe y perseverancia al abrirse a la vida: su hijo mayor tiene capacidades diferentes, y para tener su hija menor, Esperanza, la mamá debió internarse dos meses antes del parto para que su guagua tuviera un desarrollo mínimo que le permitiera sobrevivir.

Segundo Pavez, diácono permanente, y Soledad Soler, seis hijos, han estado siempre al servicio de la Iglesia, a pesar de tener unhjijo con una grave enfermedad y una hija junto al Padre Dios. Finalmente Claudio Cornejo Lecaros, padre de tres hijos, al sufrir un quiebre matrimonial hace veinte años, fue acogido por sus padres, quienes en conjunto cuidan y educan a los niños.

En el contexto de estos testimonios y de la Palaba de Dios proclamada, el cardenal Ezzati comenzó su homilía dando las gracias y acogiendo con alegría a tantas familias congregadas en la catedral.

"¡Qué hermoso ver a tantos papás y a tantas mamás llevando a sus hijos pequeños en brazos o de la mano! ¡Qué hermoso contemplar en cada uno de ustedes el proyecto de Dios, que nos quiere familia, porque que Él mismo es familia: Padre, Hijo y Espíritu Santo!", expresó.

Enseguida, el pastor afirmó que "ser una familia unida, que crece con los hijos en la donación mutua, acogiendo en el hogar la vida que Dios quiere regalarle a tantos y tantas que serán sus hijos, es una gracia de Dios, inmerecida, que Él otorga abundantemente cuando la familia se abre a la vida, a la vida común, a compartir toda la existencia".

Agregó que como en toda realidad, hay dificultades propias de la vida que es necesario enfrentar. Por eso, dijo, "hay que defender la familia y proclamar el gozo del amor, como un testimonio vivo, presente también en la cultura de hoy. Que el don de la familia sigue siendo en nuestra cultura el deseo más profundo del corazón de la mayoría de los jóvenes de Chile".

Afirmó el arzobispo que "nos corresponde hoy la tarea de anunciar el Evangelio de la Familia, como lo hizo con fuerza el papa Juan Pablo II, a quien recordamos hoy como el santo que ha estado al lado de la familia".

La emotiva confidencia del pastor

Luego, el cardenal Ricardo Ezzati quiso hacer una confidencia personal: "Cuando era niño, en el inmediato post guerra, cuando la pobreza estaba tan presente en Europa, no dejo de recordar que cuando golpeaba la puerta de mi casa algún mendigo a la hora de almuerzo, siempre mi mamá preparaba un lugar para sentarlo a la mesa. Ahí aprendí el valor de la familia, ahí aprendí lo que significa ser una familia que viviendo el Evangelio del Señor, es una familia acogedora, especialmente hacia los más necesitados".

Finalmente, el Arzobispo de Santiago hizo un llamado a las familias de la arquidiócesis: "Que su hogar sea de verdad un santuario, donde en la oración, en la vivencia del Evangelio, en la práctica de la caridad, puedan encontrar la plenitud de la felicidad que Dios le otorga a una familia".

Pidió a Dios que acompañe las familias, para que a Chile no le falten familias que no cesen de testimoniar "que la gracia recibida en el sacramento del matrimonio plenifica y da sentido de belleza y de futuro".

Al final de la celebración organizada por la Delegación para la Pastoral Familiar del Arzobispado de Santiago, los presentes fueron invitados a venerar la reliquia de san Juan Pablo II, consistente en una gota de sangre del “papa de la Familia”, que se ubica en el altar del costado norte de la catedral, mismo lugar donde en 1987 el pontífice se detuvo a orar por varios minutos cuando visito Chile.

Fuente: Comunicaciones Santiago

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