06 de Noviembre, 2015
Sínodo: buenas noticias para todas las familias

Durante tres semanas, 265 obispos de distintos puntos del orbe se reunieron por segundo año consecutivo para dialogar y revisar el rol actual de la familia. El cardenal Ricardo Ezzati estuvo allí presente y nos cuenta sobre lo reflexionado en estas jornadas.
 

Por Víctor Villa Castro

Si bien el papa llamó a no reducir el Sínodo de Obispos sobre la Familia a la posibilidad de abrir la comunión a personas divorciadas que se han vuelto a casar, consultamos al Arzobispo de Santiago sobre este y otros temas que llamaron la atención de los medios. Al respecto señaló: “No hay un principio general sino que hay que analizar situación por situación. Lo que el sínodo pide es que los sacerdotes, los obispos, los laicos, estemos muy cerca a todas las situaciones de la familia. Hay tres verbos que se repiten en el documento: Cercanía, discernimiento e integración. Los casados divorciados vueltos a casar no están excomulgados. Ellos son hermanos nuestros y por consiguiente tienen que ser incorporados en la vida de la Iglesia. Discernimiento, porque no todas las situaciones son iguales. Por ejemplo, una mujer que ha sido fiel toda su vida y quedó abandonada por su esposo. Si ella ha sido dejada injustamente y su matrimonio no fue válido, por supuesto que podrá recibir la comunión”.

-¿Cuáles son las principales situaciones problemáticas que son comunes en la Iglesia universal?
-Semana a semana visitando las parroquias y comunidades de la Arquidiócesis de Santiago, me encuentro con la realidad de las familias. Gracias a Dios, en todas las culturas se detecta un gran aprecio por la familia y su misión, sea para la sociedad civil, como para la Iglesia. Sin embargo, ha disminuido el número de las personas que celebran el vínculo matrimonial; los jóvenes no siempre cuentan con las necesarias condiciones para iniciar la formación de una familia, por carecer de trabajo, de vivienda o de protección social. En algunos de ellos, se hace presente el miedo frente al “para siempre”. En la realidad de América Latina, la pobreza y la exclusión social, constituyen un problema real.

- ¿Se hace necesario hacer un cambio en la manera de hacer pastoral para acompañar diversas realidades de la familia de hoy?
-La Iglesia está llamada a ser fiel a Dios y a su proyecto de amor; sin embargo, al mismo tiempo, está llamada a ser fiel al hombre y a la mujer de todos los tiempos y de todas las culturas, buscando expresar la verdad del matrimonio y la familia, con un lenguaje que la haga comprensible. El lenguaje, como lo afirma el papa Francisco, es el de la misericordia, de la cercanía y del acompañamiento fraterno.


-¿Cómo afectan a las familias chilenas de hoy situaciones como la migración, la precariedad laboral o los bajos ingresos?
-El fenómeno de las migraciones ha ocupado la atención del sínodo, puesto que afecta directamente la vida y el futuro de las familias. Conozco la situación de centenares de familias que viven en Santiago, provenientes de países hermanos. Conozco sus esperanzas, sus esfuerzos y también sus penurias. No faltan familias que procuran ofrecerles trabajos dignos y remunerados según justicia. Aliento el servicio de INCAMI y de muchas parroquias para acompañar a los migrantes. Deber de todos es acogerlos con respeto y fraternidad. La integración social y la integración eclesial son caminos para un fecundo intercambio de dones.

-¿Cómo la Iglesia puede acompañar esas situaciones de dolor en el Año de la Misericordia?
-Será una oportuna ocasión para ser “misericordiosos como el Padre”. Su actitud es de “brazos abiertos” para acoger a todos, perdonar de corazón, restituir confianzas, mirar con los ojos del Hijo de Dios a quienes más necesitan de nuestra mano tendida. Cada comunidad parroquial, educativa o movimiento deberá mirar con los ojos de Jesús a su alrededor, para ser signos humildes, pero verdaderos, de misericordia y reconciliación.

-¿La Iglesia chilena deberá desarrollar instancias que permitan implementar las propuestas del sínodo a nivel nacional o diocesano?
-A cada diócesis de Chile y a la Conferencia Episcopal nos queda la misión de transformar las orientaciones que broten del sínodo en un concreto programa de trabajo para acompañar la vida de las familias. La “Iglesia doméstica” que es la familia deber ser la primera protagonista de esta misión. Con el documento de Aparecida y con las insistencias de este sínodo, las familias deberán ser testigos de la belleza de su vocación y anunciar a otros que vale la pena vivir este don maravilloso.

Fuente: Comunicaciones Santiago
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