07 de Agosto, 2014
¿Quiénes son los delegados episcopales para la Pastoral Familiar?

Mónica Undurraga y José Manuel Borgoño asumieron a fines de marzo la tarea de animar la Pastoral Familiar en la arquidiócesis de Santiago. Pasados ya los primeros meses, ¿cómo ha vivido este inédito reto y cuáles son los principales desafíos que enfrenta este matrimonio?
 

Cuando el Arzobispo Ricardo Ezzati firmó el decreto que cambió el nombre de “Vicaría para la Familia” a “Delegación para la Pastoral Familiar”, el mayor cambio no fue ese, sino el de la figura de quien lidera esta pastoral: un matrimonio ocuparía el lugar que históricamente correspondió a un sacerdote.

Mónica Undurraga y José Manuel Borgoño descubrieron que su vocación para con las familias comenzó por la propia de pareja.
“Nuestro tema desde el inicio de nuestra relación hace mas de 40 años fue trabajar nuestro matrimonio y formar una familia unida y feliz cuyo centro sea Jesucristo. Gracias a Dios recibimos una linda herencia de hacer familia de nuestras familias de origen”, comenta Mónica.

Y quien de cierta manera lo atestigua es Andrea, la quinta de los 6 hijos del matrimonio: “¡Mis Papás se aman! Caminan de la mano juntos, se respetan, se hablan con cariño, se dan besos, se echan de menos, sonríen y se admiran el uno al otro. Eso me ha hecho soñar desde chica que la persona que uno escoge para toda la vida es quien uno decide amar para amar más a Dios. Y la clave de la felicidad va en esa decisión”.

En el año 2000, para el Jubileo de la Familia, Mónica y José Manuel –diácono desde hace un par de años- comenzaron el itinerario en la Pastoral Familiar. Primero fue el Decanato de Vitacura, luego la Zona Cordillera y desde hace unos meses la Ex Vicaría para la Pastoral Familiar, hoy Delegación para la Pastoral Familiar.

¿Qué significa para ustedes haber sido escogidos por el Arzobispo para este servicio?

JM: Una tremenda responsabilidad, inesperada e inédita. Es un camino en la conversión pastoral de nuestra Iglesia local, en el sentido de fomentar la incorporación activa de los laicos en la vida de nuestra amada Iglesia, con el auxilio del Espíritu Santo y siendo dóciles a Él para que podamos servir mejor, procurando que la Iglesia sea cada vez más servidora en este mundo tan necesitado de Dios.
M: Es una invitación que el Pastor hace, en nosotros, a todos los matrimonios a participar activamente en la Iglesia, especialmente en esta Pastoral que es tan propia y vivencial de las familias.
Estamos muy agradecidos de que nuestro Arzobispo haya pensado en nosotros, por este importantísimo paso y creemos que esto representa un camino que, si bien será muy desafiante porque no ha sido recorrido antes, será de gran provecho para toda la Iglesia.

¿Cómo experimentan el ser el primer matrimonio a cargo de una pastoral tan relevante para la diócesis?

M: Estamos sorprendidos y agradecidos del Señor y del Arzobispo. Dios sólo sabe por qué nos llamó a este servicio. Estamos dispuestos a entregar lo máximo de nosotros para hacer de esta Pastoral lo que Dios quiere que se haga.
JM: Ha transcurrido rápido el tiempo y nos sentimos todavía en la fase de explorar y asimilar lo que esta situación nos significa en todos los planos, y que también es nueva para el resto de la organización eclesial, pero estamos con mucho ánimo y confiados en Dios y en la Santísima Virgen que junto a ellos podremos hacer un aporte positivo.

¿Cómo viven este desafío de trabajar juntos?

JM: Es algo muy novedoso para nosotros, aunque siempre hemos trabajado juntos como matrimonio en el plano pastoral. Lo hacíamos como agentes pastorales con dedicación en los tiempos libres, y con una dirección concreta al trabajo a realizar. Sin embargo, ahora que estamos con dedicación de media jornada, a cargo de la Pastoral y trabajando en una oficina común, es una experiencia nueva, por lo que nos ha costado un poco adaptarnos a los horarios y andar corriendo de un lado para otro, teniendo una agenda muy apretada, casi sin tiempo disponible.
M: Yo soy más concreta y aterrizada y José Manuel le da muchas vueltas a las cosas, lo que, además de complementarnos como matrimonio, nos significa tiempos distintos en el quehacer.

¿De qué manera su propia experiencia como matrimonio, padres y familia contribuye en esta nueva labor?

JM: La experiencia de más de 40 años de casados, tener 6 hijos y 5 nietos, nos da una vivencia importante en cuanto a ser familia, sus alegrías y sus dificultades, que nos permite comprender más profundamente el importante rol de la familia en el desarrollo personal integral de cada uno de sus miembros y también los esfuerzos que hay que realizar, y las renuncias que los padres deben afrontar para sacar su familia adelante. Para poder gozar de una familia unida y feliz, como el Señor lo quiere.
M: Lo anterior ayuda a apoyar y comprender en mejor forma a las familias de la Arquidiócesis en sus requerimientos para tener vida plena familiar y, en ella, encontrarnos con Jesucristo redentor.

En medio de los cambios socioculturales actuales, ¿cuáles son los principales desafíos que la Iglesia debe acompañar a través de esta pastoral?

JM: Los principales desafíos a nuestro juicio son: entender con profundidad todos los diferentes procesos familiares, comprender las diversas y actuales realidades de la familia, tomar conciencia del gran impacto que estos cambios causan en ella para poder acompañar a cada una de las familias según sus propias realidades en los desarrollos de sus procesos que deben afrontar, además de apreciar el importante y amplio rol que tiene la afectividad y la sexualidad en los procesos familiares.
M: Y en todos ellos, iluminar desde el plan de amor de Dios los desafíos propios de cada familia, ayudando a que ellas descubran y se encuentren con el Señor que habita en medio de todos, para lograr tener una vida familiar plena, en abundancia como El lo quiere.

A vuestro juicio, ¿en qué medida o de qué manera el Sínodo de la Familia responderá a estos nuevos desafíos. ¿El instrumento dado por el Vaticano que recoge las respuestas de todo el mundo da luces al respecto?, ¿en qué sentido se re-piensa la pastoral familiar?

JM: El “Instrumentum laboris” es un documento de trabajo que describe el escenario para actuar y no plantea explícitamente caminos de solución, pues eso es tarea propia del Sínodo mismo. No es un documento “cocinado”, por así decirlo, sino que sólo pone el mantel.
La tarea de encontrar caminos y soluciones es de toda la Iglesia, representada en sus Obispos. Pero todos los laicos y laicas, especialmente los matrimonios, deberíamos apoyar a nuestros pastores en la propuesta de caminos y soluciones a los delicados asuntos planteados.
M: Pensamos que las líneas de acción van a ser de profundización y clarificación de los conceptos involucrados e ideales planteados, siempre desde una actitud de acogida, escucha y mucha misericordia, a la luz de la parábola del hijo pródigo, que con su sola disposición a volver a la casa del padre, es recibido con el abrazo amoroso de un papá que le ofrece una nueva vida. El mismo caso de la mujer adúltera: el pasado no nos condena, sino que nos sirve como una enseñanza de apertura a la voluntad de Dios.

La agenda nacional tiene en carpeta dos proyectos de ley vinculados al tema de la familia: el matrimonio entre personas de un mismo sexo y el llamado aborto terapéutico. ¿De qué manera o qué acciones piensan efectuar como delegación al respecto?

JM: Las acciones de la Delegación son de divulgación, reflexión, apoyo e iluminación a las personas y familias, de forma que puedan entender adecuadamente lo que se está proponiendo, ya que creemos que no hay claridad de lo que significa la propuesta en la mayoría de las personas, además de dar a conocer la posición del Magisterio, y entonces puedan hacer un discernimiento en conciencia. Todo esto, a través de los medios pastorales habituales y en los medios de comunicación masivos.
M: Recientemente los Obispos nos han ofrecido una declaración muy buena y clara que propone algunas interesantes pistas para que reflexionemos en familia. De esta manera, dialogando respetuosamente en los hogares, ayudamos a favorecer que las familias puedan encontrarse con Jesucristo y decir siempre sí a la vida, para tener Vida en abundancia.


Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
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